En 1990 tuve un accidente de coche que me produjo un latigazo cervical.

En 2006 tuve un segundo accidente de coche que también me produjo un latigazo cervical.

Desde 1990 sufro dolores de cabeza y posteriormente también de cuello y hombro que se fueron haciendo más frecuentes y limitantes con el paso del tiempo.

En 2009 me diagnostican artrosis en las cervicales y hernia cervical en C5-C6, sin otra solución que operación quirúrgica, “que yo misma pediría ante la gran pérdida de calidad vida que iría teniendo a lo largo del tiempo”. Me niego rotundamente a operarme de las cervicales y me parece que ese momento queda muy lejos.

Paulatinamente sigo perdiendo calidad de vida pero de una manera gradual hasta que en Enero de este año, 2014, tengo una importante pérdida de calidad de vida en cuestión de un mes, me sentí tan asustada que incluso me planteé la posibilidad de la operación, pues pienso que no puedo vivir así el resto de mis días como una inválida, quiero vivir una vida “normal”, tenía que encontrar una última alternativa como fuera, si no me quiero operar. Busqué, pedí opiniones, miré en Internet, fui a consultas de diversas especialidades, médicos, terapeutas, y ya sólo me quedaba una posibilidad, probar un tratamiento quiropráctico, puesto que había probado desde hacía años tratamientos de rehabilitación con fisioterapeutas, diferentes medicamentos etc. con los que sólo tenía resultados a muy corto plazo. Ahora ya ni los analgésicos ni los anti inflamatorios me hacían efecto, no había forma de quitar los fuertes dolores que tenía a diario y además también me dolía mucho el hombro izquierdo, estaba muy limitada para los actos más normales de la vida.

En Febrero de este año me pongo en manos del Quiropráctico Jerónimo Arenas Moreno, con el sentimiento de quien se está ahogando y pide ayuda, pero sin saber si le van a poder ayudar o no, era mi última oportunidad.

Desde entonces, mi mejoría ha sido notable, los dolores del hombro han desaparecido y los de cabeza se han ido espaciando de forma sorprendente, a la vez que han bajado en intensidad, y ya no tengo ese dolor permanente en el lado izquierdo del cuello.

En definitiva, he recuperado calidad de vida, la sigo recuperando y ahora sé que la seguiré recuperando del todo, Jerónimo me sacó del agua cuando me estaba ahogando.

Ya no tengo que pasar por el quirófano y puedo trabajar, estar sentada ante el ordenador, leer un libro, hacer manualidades, hablar con alguien situado a mi izquierda, alargar el brazo izquierdo para coger algo y hasta girarlo, dormir de lado izquierdo, viajar sin mi almohada cervical, coger el cubo de la fregona, hacer la compra y cargar con ella (sin excederme en el peso), llevar una carpeta o la agenda en el brazo izquierdo junto con el bolso, y ya no tengo esos horribles dolores de cabeza y cuello que me llegaban hasta la cuenca del ojo y me invalidaban para hacer cualquier cosa, haciéndome ese día “nulo”, sólo dedicado a tratar de mejorarme y hubo tantos…

Después de años con dolor permanente en la parte izquierda del cuello, y de cabeza, me siento liberada y me parece mentira que hayan desaparecido, ahora soy como la mayoría de las personas sin tener que explicar constantemente: ”esto no lo puedo hacer porque… y lo otro tampoco porque…”, ante la mirada un tanto asombrada de las personas que no llegan a entender cuán limitante puede llegar a ser esta dolencia, aunque no tengas bastón, muletas, cicatrices ni signos externos que lo evidencien.

Cada vez más, ya no tengo que pensar en lo que “puedo hacer” sino en lo que quiero hacer, ya no me siento como si estuviera enferma, delicada y un tanto inválida, sino como una persona como la mayoría, que quiere y puede disfrutar de la vida sin limitaciones, con plenitud.

¡Por todo ello, gracias Jerónimo!